Reglas del amigo invisible

Para jugar al amigo invisible por navidad o en cualquier otra ocasión se han desarrollado a lo largo del tiempo muchos reglamentos distintos. Por supuesto, las normas dependen siempre de la modalidad de amigo invisible escogida. El enemigo invisible normal y su modalidad ladrona se rigen por reglas distintas y lo mismo pasa con el flashmob del amigo invisible. Hasta qué punto atenerse a las reglas o si tomárselas simplemente como una orientación para inventarse un juego propio del amigo invisible ya es cosa de cada cual. Antes de nada habría que plantearse si se asigna quién regala a quién o si dejamos que el azar decida. Si va a celebrarse una rifa con los nombres de los participantes, está claro que hay que tener cuidado de que nadie reciba su propio nombre, porque nadie querría hacerse el regalo a sí mismo. En ese caso, se puede poner una dedicatoria o una poesía que haga referencia al destinatario del regalo.
Los nombres también se pueden rifar cuando ya se hayan juntado los regalos. Aunque entonces ya los regalos no se pueden adaptar especialmente a su receptor.

Al juego típico del amigo invisible, y también al enemigo invisible y al amigo terrorífico, se puede jugar con las reglas básicas, pero también con la modalidad ladrona. Para jugar al amigo ladrón, se dejan todos los regalos encima de la mesa o en el lugar que convenga. El primero en empezar (por lo general, el de menor o mayor edad) se acerca y coge el regalo que quiera. Después le toca al siguiente, que puede coger el regalo que quiera del montón, o bien quitarle el suyo al primero. Igualmente, el tercero puede quitarle el regalo al primero o al segundo, o bien elegir uno del montón. Después de la primera ronda, es muy probable que algunos participantes estén con las manos vacías. Pueden decidir si quieren un regalo del montón o «robarle» uno a un compañero. En esta modalidad se sigue jugando hasta que cada uno tiene en la mano un regalo de su amigo o enemigo invisible.

Y hay una regla más que también puede aplicarse en cualquier modalidad del amigo invisible. En esta variante, los dados juegan un papel decisivo: permiten apoderarse del regalo de otro, como en el amigo ladrón, pero solamente si al tirar el dado sale el número seis, por ejemplo. Se le puede dar un valor distinto, o asignarle un significado a otros números. Por ejemplo, se puede jugar de forma que con el seis se robe un regalo y con el uno se intercambie el regalo con otro jugador.

También hay una modalidad del enemigo invisible que se juega con dados y suele gustar mucho. Se juega de la siguiente manera: por turnos, cada participante se elige un paquete del montón que se ha formado con anterioridad. Para prepararlo hay que tener en cuenta que debe haber la misma cantidad de paquetes para cada uno. Cuando ya no queden paquetes en el montón, se empieza a tirar el dado, por turnos. El jugador que saque un seis podrá quitarle un paquete a otro jugador. El que saque un uno le cambiará un regalo a otro jugador. Si sale un tres, cada uno tendrá que darle un paquete a quien tenga a la derecha.
A esta modalidad de amigo invisible con dados se podría seguir jugando eternamente; para que haya una conclusión, se debe fijar previamente un límite de tiempo, por ejemplo, puede ser media hora. Así se hace más emocionante, sobre todo si hay alguien que tarda mucho cuando es su turno.

En cualquiera de las modalidades que existen de amigo invisible hay dos factores importantes a tener en cuenta:
1. ¿Cuánto se debería gastar en el regalo?
2. ¿El regalo debe ajustarse a un tema?
Por ejemplo, en el enemigo invisible hay que ponerse de acuerdo sobre si vale comprar los regalos o si solo vale sacarlos de entre las cosas que tenemos en casa. Pero también es muy importante en el amigo invisible básico que todo el mundo se ajuste a la misma franja de precios.
Evidentemente, en las fiestas del amigo invisible temáticas los regalos deben guardar alguna relación con el tema elegido. Los organizadores y los invitados tienen que ponerse de acuerdo sobre si hay que ajustarse al tema de manera muy estricta o si vale también desviarse un poquito. En estos casos suele ser preferible ser más abiertos que cerrarse demasiado. Así pueden darse regalos de lo más descabellado, con los que a menudo la gente se divierte o se alegra más.

En modalidades como la del elefante blanco hay que tener en mente que se deben respetar las reglas correspondientes. Precisamente la gracia del elefante blanco es que no se regalan armatostes, sino cosas que no queremos. Y lo que para uno es un regalo de bodas horroroso que le hizo su suegra, para otro puede ser el accesorio de cocina que tan desesperadamente ha estado buscando.